Hoy nos juntamos por quinta vez. Un café de Buenos Aires, cuarenta personas alrededor de las mesas, y ni una diapositiva a la vista. Nadie subió a un escenario, porque no había escenario. Hubo café, hubo preguntas, y hubo una conversación sobre inteligencia artificial que costó cortar.
Cada Café IA arranca igual. Abrimos con una introducción corta: qué está pasando en el mundo, hacia dónde van las cosas, y cómo posicionarte para que te vaya bien — para avanzar hacia la vida que soñás, no hacia la que te va quedando por default. Ese es todo el "programa". Después la palabra se suelta y nosotros pasamos a ser unos más en la mesa.
Por qué es una conversación y no una charla
Podríamos dar una conferencia. Sería más prolijo: un orador, cuarenta sillas mirando para el mismo lado, una ronda de preguntas al final. Pero una charla es contenido, y contenido sobra. El mejor modelo del mundo está a un click de cualquiera, y la explicación del experto también. Las herramientas dejaron de ser el problema: cualquiera accede a lo mismo que vos.
Lo que no se consigue apretando play es otra cosa. Escuchar a alguien contar qué probó en su negocio, en qué se equivocó, qué le funcionó. Hacer la pregunta que en otro contexto te daría vergüenza. Descubrir que el que tenés enfrente está tan al principio como vos — o tres pasos adelante, y dispuesto a mostrarte el atajo. Eso no se transmite por streaming. Eso pasa en una mesa. La inteligencia artificial, como casi todo lo que importa, se aprende mejor entre personas.
No es la era de los que saben de inteligencia artificial. Es la era de los que la usan.
Si el acceso está resuelto, el cuello de botella sos vos: qué mirás, a quién conocés, desde qué lugar comunicás y qué hacés el lunes a la mañana. De esas cuatro cosas, por lo menos dos — a quién conocés y qué hacés el lunes — se destraban más rápido en una mesa compartida que a solas frente a la pantalla. La conversación es el contenido.
La escuela también son las personas
Nuexty nació como mi tesis de maestría: la escuela para los emprendedores del futuro. Y si algo aprendí de las escuelas de verdad es que nunca fueron solo el contenido. Te forman los compañeros: contra quién te medís, con quién practicás, quién te levanta cuando una semana salió mal. El contenido lo tenés en todos lados; los compañeros no.
Nosotros creemos que emprender debería parecerse a un deporte: practicarlo sin lesionarte, disfrutando, en equipo, entrenando y mejorando. Y los deportes no se entrenan solo: necesitás club, cancha, otros jugadores. El Café IA es eso — el lugar donde la comunidad de Nuexty se encuentra, se mide, se ayuda. No lo hacemos para promocionar el producto: el encuentro es parte del producto. Nuestra representación en el mundo, aquello en lo que creemos, tomando café en Buenos Aires.
Hay una palabra que cada vez me parece más central: pertenencia. Saber que hay un grupo de personas intentando lo mismo que vos, en tu misma ciudad, en este momento raro de la historia. Gente con la que compartís algo más que una herramienta: una manera de pararte frente a lo que viene. Eso no lo genera ningún modelo. Lo generamos nosotros, juntándonos.
El Café IA es todos los meses, en Buenos Aires. Hoy fue el quinto; va a haber un sexto. La invitación es simple: venite. No hace falta que sepas de IA — justamente, no es la era de los que saben. Traé lo que estás haciendo, o lo que te gustaría animarte a hacer. Del resto nos encargamos entre todos, alrededor de un café.